Comentario Personal

(Por: Julio Chojeda Torres)

En los años 80 periodistas del diario “El Comercio” de esta capital publicaron algunos artículos sobre mi; en ese tiempo y en los 90, partes de mi vida fueron publicadas en organizaciones como la Asociación de Distrofia Muscular de los Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. Guardaba unos recortes, testimonio de mi incansable búsqueda de información sobre mi condición neuromuscular en el extranjero, en un fólder que se perdió cuando el lugar donde vivía, “Cdra 7de la Av. Argentina y Ramón Cárcamo”, fue demolido debido a un proceso de rehabilitación de la zona que COFOPRI inició en Noviembre del 99, y que recién en este 2005 está llegando a su fin.

Una experiencia no muy grata debe ser para la persona con discapacidad, no tener un techo propio donde guarecerse, o medios económicos para alquilar un cuarto y evitar la pesadilla de vivir en la calle. No fue mi experiencia, tenía trabajo (que a Dios gracias conservo), e IRENE, una institución suiza, merced a una ayuda generosa me evito trance tan difícil. Así, mientras los tractores echaban abajo nuestras casitas de quincha y adobe, seguro iba a una habitación recién construida en casa de mi hermana Rosa. Atrás quedaron recuerdos de casi toda una vida en el lugar que nos vio nacer, y algunas pertenencias que no se rescató a tiempo, entre ellos, mi preciado testimonio.

Las ideas y sueños si se van con uno, y aunque estas pueden cambiar en el tiempo, otras se mantienen, y no concuerdan con quienes legislando a nuestro favor mantienen en la práctica el statu quo. No obstante, se anhela que un día:

1. Las personas con discapacidad sean tratadas con el mismo respeto y dignidad que las demás personas.

2. El estado proporcione o fomente una educación de calidad que permita a las personas con discapacidad realizarse plenamente, y acceder en igualdad de condiciones al mundo laboral. Accesibilidad es la clave.

3. Las personas con discapacidad severa cuenten con atención médica gratuita, y una pensión que les permita vivir con las condiciones mínimas necesarias que su condición de ser humano demanda.

4. Nuestros legisladores no sólo deben dar leyes a favor de las personas con discapacidad sino reglamentar también su cumplimiento o incumplimiento. Que esto sea práctica constante, y no un saludo a la bandera.

Y que las nuevas generaciones puedan conseguir la eliminación del “Impuesto Selectivo al Consumo” que grava las donaciones de sillas de ruedas o de cualquier otro dispositivo de ayuda que las personas con discapacidad severa necesitan, y consiguen con mucho esfuerzo a través de gestiones particulares. Y que el argumento de las enfermedades pre-existentes, no sea esgrimido para negar un seguro por invalide a quienes se atreven a trabajar y marcar una diferencia en sus propias vidas.

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